Individualidades y agrupaciones que por primera vez se comunican con nosotr@s - a través de este vocero impreso, de Internet o del contacto personal - tienen una pregunta reiterada: ¿qué diferencia hay en la propuesta del colectivo editor de El Libertario al compararse con las dos opciones más conocidas de la escena política nacional?

Contestar significa demostrarles un punto clave en el panorama venezolano reciente: los actores políticos en pugna por el poder institucional (sea el chavismo gobernante o la oposición socialdemócrata y de derecha) han tenido éxito en imponer su agenda a los movimientos sociales de base, llámense laborales, feministas, ecologistas, indígenas, vecinales, estudiantiles, culturales, etc. Éstos aceptaron cancelar su proceso autónomo de luchas y organización, en la ilusión de alcanzar sus objetivos una vez que el respectivo Mesías político se consolidase en el poder. Por eso, con el bando opositor, vimos a los aturdidos exponentes de la “sociedad civil” marchar como ratones de Hamelín tras la flauta que los condujo a los barrancos del “paro cívico” y del descalabro electoral del 15-A. Del otro lado, las ilusiones participativas y protagónicas para la organización popular fueron y son burladas por un gobierno cuyas pautas son la reverente obediencia al caudillo y el consiguiente clientelismo de sus seguidores, sustentándose en el chorro de la renta petrolera y en palabrería demagógica para posponer indefinidamente las promesas, bien sea para cuando se derroten fantasmagóricas acechanzas del enemigo (“invasión yanki”, “magnicidio”, “guarimbas golpistas”), o para cuando se supere el interminable ciclo de torneos electorales.

Ante tal cuadro, nosotr@s expresamos algo totalmente distinto. No somos ni queremos ser contendientes por el control del poder institucionalizado: somos anarquistas y aspiramos a que desaparezcan tanto el poder estatal como toda otra estructura jerárquica opresiva. Esto no es mera profesión de fe; para nuestra acción aquí y ahora significa asumir el compromiso de promover y potenciar la autonomía de cualquier movimiento social consecuente. Siendo así, no nos interesa erigir “movimientos sociales anarquistas”, que serían tan inútiles para un avance colectivo en positivo como los difuntos círculos bolivarianos o esos partidos de oposición disfrazados de ONG’s. Apostamos por movimientos sociales que construyan dinámicas de acción y organización independiente, basados en la participación más amplia a todo nivel, que permitan reconquistar o construir modos de acción directa y autogestión ajenos al control del Estado u otra instancia de opresión, pues solo así se consolidarían espacios compartidos de libertad e igualdad en solidaridad que serán germen y soporte de ese futuro por el que luchamos. En fin, nuestra oferta se puede resumir en la sentencia de John Holloway: cambiar el mundo sin tomar el poder.

Entendemos que esa propuesta debe llevarse y ser debatida ante quienes - dentro y fuera de Venezuela - se comprometen o simpatizan con la construcción autónoma de los movimientos sociales. Ciertamente, esa intercomunicación y discusión sería muy diferente del montaje burocrático-aclamacionista que caracterizó al XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de agosto pasado, un modelo que todo indica se repetirá en enero de 2006 con el VI Foro Social Mundial. Por lo tanto, en paralelo con apoyar y participar en esfuerzos de organización independiente desde las bases como los reseñados repetidamente en esta publicación, somos parte de la iniciativa en gestación para realizar (también en enero de 2006) un foro alternativo y fuera del dominio político-económico de los poderes institucionalizados, donde se discutiría lo que interesa a quienes llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones y trabajamos porque ese mundo crezca en este instante. Si tú y/o tu agrupación sintonizan con estas ideas, contáctanos a la brevedad.