Se realizó en Caracas, por los días de agosto, un evento que evidentemente fue sugerido por los asesores cubanos del aparato propagandístico oficial: el XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (XVI FMJE). El fidelismo había reflotado en 1997 esta conmemoración de raíz stalinista en la búsqueda desesperada por apoyos a su fosilizado régimen, si bien aquello no fue ni la sombra del pasado, pues faltaba la extinta Unión Soviética que había dado el indispensable soporte económico y político a los festivales precedentes. Por suerte para el gobierno castrista, ahora a cargo de tan decadente franquicia, aparecieron interesados en darle oxígeno financiero: en 2001 fueron los gobernantes militares de Argelia; quienes realizaron el show para proveerse de una cobertura por la izquierda a la represión genocida que entonces ejecutaban contra la etnia bereber y la insurgencia islámica. Luego vino otro mandatario marcial forrado de divisas petroleras: el héroe del Museo Histórico-Militar, cuyo gobierno financió el tinglado a un costo, oficialmente reconocido y aprobado por la sumisa Asamblea Nacional, de 1,8 millardos de bolívares (cerca de 84 millones de US $ al cambio oficial), pero que dado lo visto y padecido durante su incidencia, debió alcanzar una factura final sobre los 90 millones de dólares.

El XVI FMJE se caracterizó por un tono aclamacionista que podría creerse impensable en estos tiempos. Aparte del patético espectáculo de ver a la delegación norcoreana llevando en procesión los íconos sacros de Kim Il Sung y su heredero, el Último Emperador, la gran mayoría de los concurrentes participó sin chistar en ceremoniales de exaltación al gobierno criollo y a su líder (en menor medida, también a Castro y su dictadura). Ciertamente, esa participación era forzosa para muchos “compatriotas” (igual que en los mítines electorales, los jefes impusieron asistencia a los funcionarios públicos) y buena parte de los visitantes, que así compensaban gastos y mimos dispensados por el Estado anfitrión. Quienes y cuando pudieron, eludieron con todo gusto esos “deberes solidarios y revolucionarios”, de manera que así como hubo los dedicados ciegamente al shopping y al turismo, otros pudieron confrontarse con una realidad que desmiente con aspereza la imagen internacional promocionada por la autoproclamada revolución socialista del Siglo XXI.

El Festival no ocultó su condición de evento hecho a la medida del patrocinante, pues además de la glorificación personalista al caudillo se impuso la pesada estética y simbología cursilona de la “revolución bolivariana”, así como el contenido ideológico que dominó el evento. El cacareado “anti-imperialismo” se limitó a remachar sobre lo malvados que resultan Bush y sus secuaces cercanos, caracterizados genérica y borrosamente como neoliberales y globalizadores, sin entrar en detalles para no tener que dar mayores explicaciones sobre los patentes compromisos del gobierno chavista con corporaciones transnacionales (como la Chevron o la Conoco-Phillips) y con agendas imperialistas (como el Plan Puebla-Panamá) que aparentemente no serían tan diabólicas. Largas tandas del FMJE se ocuparon del militarismo, en el curso de las cuales se cumplieron verdaderas proezas de malabarismo verbal para presentar como represores militaristas a los gobiernos pro-yankis sin que eso sonara como acusación para regímenes como el argelino, el norcoreano, el cubano o el venezolano. Como dato anecdótico, este debate “anti-militarista” se realizó en Fuerte Tiuna, instalación castrense de Caracas, donde además se alojó a huéspedes extranjeros que debieron someterse a las delicias de la disciplina cuartelera mientras estuvieron allí. También hubo su dosis de chauvinismo ramplón, lo que ya el primer día resultó insoportable para algunos asistentes que se retiraron al imponérseles la obligación de marchar tras su respectiva bandera nacional frente a la tribuna del Comandante de Sabaneta. En las sesiones, la verborrea patriótica que alimentó tanto al discurso anti-gringo como las loas a Estados, ejércitos y demás instituciones opresivas, con más o menos vaguedad tendía a sostener que “la nación” (identificada con la estructura estatal) será base fundamental del socialismo del nuevo milenio (¿se llamará entonces nacional-socialismo?).

- …Y en enero, vuelve el rumbero

La parranda de agosto tuvo todas las trazas de ser esencialmente preámbulo y ensayo del acto de promoción internacional al cual el gobierno venezolano está apostando más fuerte: la celebración en Caracas, del 25 al 29 de enero del 2006, del VI Foro Social Mundial Policéntrico Sede Américas (VI FSM). En este caso, se trata de un evento que en términos de vigencia socio-política podría representar mucho más que el ajado cascarón de los FMJE, pues no sólo es ajeno al peso de un pasado stalinista, sino que efectivamente puede alegar que es un espacio que congrega al menos a buena parte los movimientos sociales que en el mundo de hoy luchan contra el neoliberalismo y su pensamiento único, proponiendo alternativas de participación y protagonismo colectivo. Los FSM comenzaron en Porto Alegre, Brasil, en 2001, como ámbito de oposición a los Foros Económicos Mundiales que cada año desde 1971 convocan los poderes políticos y económicos del capitalismo en Davos, Suiza. Dada la aspiración en ampliar su capacidad de convocatoria, se decidió que a partir de 2006 las sesiones anuales del FSM fuesen policéntricas, con varias sedes alrededor del mundo, que ese año serían Caracas, Bamako – en Malí, África – y Karachi – en Pakistán -.

Desde un comienzo, a pesar de la imagen de amplitud, dinamismo y originalidad que los promotores del FSM han impulsado con relativo éxito, diversas voces han alertado sobre los eventuales riesgos y disimuladas hipotecas que este evento y su agenda implican para los nuevos movimientos de lucha social. Al inicio, esas advertencias eran más genéricas y, pese a todo, no cuestionaban los fundamentos de la iniciativa; pero progresivamente se han hecho más precisas y densas en sus críticas, las cuales han calado de tal modo que incluso han propiciado la realización de Foros Sociales Alternativos con los sectores más avanzados y combativos que han asistido a los últimos FSM. No es posible detenernos aquí a examinar esa argumentación crítica radical, pero remitimos a diversos documentos accesibles por Internet que la exponen con claridad y elocuencia, como por ejemplo: “Extraños amigos del FSM de Porto Alegre” de B. Busaniche, “Lo pequeño es bello” de N. Klein, y “El Foro rehén y la trepanación de las ONG`s” de www.lavaca.org (también publicado en El Libertario # 41).

Pese a todo, para los estrategas propagandísticos chavistas resultaba demasiado atrayente la oportunidad de contar con un FSM caraqueño (así sea policéntrico); privilegiada caja de resonancia para la promover esta particular revolución de mucho ruido y pocas nueces. Entonces, movieron todas sus influencias políticas y de $olidaridad (particularmente con el PT brasilero, del que se conoce su receptividad a argumento$ de pe$o). De este modo, ahora se procede a toda marcha a los preparativos del evento, en una escala que promete dejar muy corto al XVI FMJE, que recibió apenas unos 15.000 asistentes, mientras para el VI FSM se asoman cifras que sobrepasan a los 100.000; lo que llevado al terreno de los costos implica montos superiores a los 250 millones de dólares (¡una ganga para un Estado con reservas sobre los 30 millardos de $!).

Habrá quien vea como excesivamente mordaz y desconfiado el tono en el cual nos referimos al VI FSM, pues a pesar de todo el “movimiento de movimientos” es consciente y está tomando medidas respecto a los retos que debe superar, lo que por ejemplo se muestra en el documento (también de fácil ubicación en Internet) “Hacia el FSM Caracas enero 2006 – La dimensión de nuestra responsabilidad” de E. Lander, uno de los principales responsables organizativos del evento. Pero tales esperanzas se desvanecen al contrastar las cuidadosas alusiones de Lander sobre el modo de superar los problemas que implica organizar el Foro hoy en Venezuela, con todo lo demás que se encuentra en Google al colocar la frase “VI Foro Social Mundial”, constituido esencialmente por documentación burocrático-informativa de tono semejante a la que aparece al escribir “XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes”. El único otro texto donde se reflexiona con algún cuidado es “Hacia el II FSA y el VI FSM policéntrico” de I. León, escrito desde una perspectiva que asoma lo que es de esperar sea la línea oficialista a imponer en los actos apoteósicos de enero próximo, en una tónica que solo confirma las palabras contundentes de Naomi Klein: “Para algunos, el secuestro del Foro Social Mundial por los partidos políticos y los hombres poderosos es prueba de que los movimientos contra la globalización empresarial finalmente están madurando y volviéndose ‘responsables’. Pero, ¿realmente significa ser tan maduro, en medio del cementerio de fallidos proyectos políticos de izquierda, creer que el cambio vendrá al depositar tu voto por el más reciente líder carismático, y luego cruzar los dedos y esperar lo mejor? ¡Un poco de seriedad, por favor!”.