Parece ser aventurero

“A la/os que creen que soñar es posible todavía”
*H. Galván

La sociedad dominicana, como expresión particular de la sociedad planetaria, se encuentra en una situación muy difícil, en descomposición real, en deterioro profundo de su aparato productivo, desmoralización total, desmonte de sus valores, pérdida de rumbo y des-institucionalización, y lo mas triste en crisis de alternativas, así como en un largooo rosario de tristezas y llantos que no pretendo agotar.

Las causas, consecuencias y particularidades de dicho proceso ameritan complejos estudios, profundas disquicisiones, amplias reflexiones, y sobretodo interconexión y conocimiento de la realidad actual, (que parece ser lo que más le falta a nuestros gobernantes) cuyo objetivo no pretendo cumplir en estas notas.

De lo que si estoy convencido – Aunque ni me lo crea- es que la sociedad en que vivimos amerita una transformación profunda, un cambio de rumbo, una especie de ruptura sistémica que borre definitivamente con todo lo actual, que ya está viejo.

En todo lo que se basa la sociedad actual, está completamente corrompido, putrefacto, sus contradicciones e injusticias la hacen insalvable, irrecuperable. La sociedad actual y todo en lo que se basa debe ser destruida, debe morir.

Pero para transformar esta sociedad hay que destruirlo todo, derrumbar los mitos y los odios, y para destruirlo todo (o casi todo) hay que asumir una posición de ruptura. Dicha posición de ruptura debe ser irreconciliable con la realidad social actual y con quienes la representan.

Necesita subvertir, desconocer y romper los mecanismos establecidos (pudiendo usarlos de vez en cuando), romper sus paradigmas, destruir sus métodos, su entramado teórico, incluso su lenguaje, romper muchas cosas más.

Esa sociedad para cambiar necesita ser conmovida, necesita elevar su grado de conciencia colectiva, necesita recuperar el asombro, recuperar su conciencia, recuperar su identidad y su confianza como proyecto societal posible.

Es preciso rescatar la posibilidad de nuestro proyecto societal, pero sólo sobre la base de la destrucción de este fracaso triste, este intento en que nos hicieron fallar, abortar, caricatura de sociedad en que vivimos.

Pero así como es necesario recuperar la posibilidad, la única vía de transformar nuestra realidad hoy, es expandir los límites de lo posible; Subvertir lo posible con mucha imaginación, y si se quiere valentía.

Reclamar como válido disentir, irrespetar; desconocer los antivalores, los preceptos y las actitudes de la sociedad de hoy, permitirá que ésta muera y permita nacer la nueva sociedad, cimentada en otros valores, en la solidaridad, la paz, la fraternidad, la vida sobre todas las cosas y sobretodo el amor y la alegría.

Debemos reclamar el derecho a equivocarnos, a errar y a ser dueños/as de nuestro error; a quebrar la concepción de la institucionalidad hueca y reinventarla. Debemos atrevernos un poco a jugar con las barreras, a realizar las travesuras de los niño/as.

Pero para todo eso debemos asumir una posición de ruptura (que hoy no tenemos). Romper para siempre con una clase política, empresarial, eclesial, militar y académica fracasada, corrupta, corruptora y completamente insalvable. ¡Sepultarlos! Romper irreconciliablemente con la posibilidad de que puedan sobrevivir sus paradigmas, romper incluso nuestro acercamiento personal. ¡Romper a muerte por la vida!. Rescatar lo sano, rescatar y defender a quienes no se pervirtieron, y a quienes prefirieron aislarse para no encubrir como cómplices toda esta tragedia, en que muchos callaron. Romper incluso con quienes sabiendo todo esto no lo denuncian y se codean con los culpables.

Hay que dejar de callar, callar es ser cómplice, callar es encubrir a quienes destruyen nuestro proyecto. Ya se ha callado por suficiente tiempo, es tiempo de dejar atrás el cómplice silencio, y despertar. Pero también prender los radios y tocar las tamboras (o las cacerolas y las pailas) para que el vecino/a despierte.

Asumir esta posición significa un riesgo, pero significa también respetarse, asumir la posibilidad de lograr el cambio, la transformación, la revolución que queremos, que anhelamos.

¡Denunciemos, rechacemos! ¡No seamos cómplices de la descomposición de nuestra sociedad. No la aplaudamos con el silencio cómplice! .

Parafraseando a Benedetti “El día o la noche en que por fin lleguemos, habrá que quemar las naves, para que no exista tentación de remar nocturnamente, y así reclamar el derecho de preferir lo injusto.

¡Subvirtamos! ¡Seamos creativos! ¡Destruyamos esta jaula donde nos han metido!

¡Se puede, Mira que Otros pueblos lo han logrado!

¡Podemos!




QUEMAR LAS NAVES
EL DÍA O la noche en que por fin lleguemos
habrá que quemar las naves

pero antes habremos metido en ellas
nuestra arrogancia masoquista
nuestros escrúpulos blandengues
nuestros menosprecios por sutiles que sean
nuestra capacidad de ser menospreciados
nuestra falsa modestia y la dulce homilía
de la autoconmiseración

y no sólo eso
también habrá en las naves a quemar
hipopótamos de wall street
pingüinos de la otan
cocodrilos del vaticano
cisnes de buckingham palace
murciélagos de el pardo
y otros materiales inflamables

el día o la noche en que por fin lleguemos
habrá sin duda que quemar las naves
así nadie trendrá riesgo ni tentación de volver

es bueno que se sepa desde ahora
que no habrá posibilidad de remar nocturnamente
hasta otra orilla que no sea la nuestra
ya que será abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese solo aspecto
seremos más sectarios que dios padre
no obstante como nadie podrá negar
que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez rasgos dignos de mención
por no decir notables
habrá de todos modos un museo de nostalgias
donde se mostrará a las nuevas generaciones
cómo eran
parís
el whisky
y claudia cardinale.





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