º Editorial # 41, febrero-marzo 2005

Para quienes impulsamos este periódico, 2005 se asoma como un punto importante en el avance de ideas e iniciativas consecuentemente libertarias en Venezuela. Se cumplirán 10 años de actividad del grupo editor (la Comisión de Relaciones Anarquistas), con un balance que además de expresar voluntad para sobrevivir como esfuerzo colectivo en condiciones poco favorables, en tiempos recientes suma progresivos logros apuntando a que definitivamente el ideal ácrata está arraigando en el país como una posibilidad de construir, por todos y para todos, libertad e igualdad en solidaridad.

En esta edición se reseñan algunos de esos hitos recientes, como por ejemplo la apertura del local del Centro de Estudios Sociales Libertarios - CESL www.centrosocial.contrapoder.org.ve, la celebración de las Jornadas Anarcopunks de Biscucuy y de las VI Jornadas Anarcopunks de Caracas. Ante todo, hojeando lo que hemos publicado desde 6 ú 8 números atrás, resalta la pluralidad de plumas que se expresan en este periódico, evidenciando que no es mero portavoz de un grupúsculo de iniciados sino que se ha procurado ser consecuente con la idea de dar voz a lo que haya que decir desde distintas posiciones socialistas libertarias. Igualmente, se evidencian las huellas crecientes de la presencia de los anarquistas en la escena social y cultural de diversos lugares del país. Participamos en variadas movilizaciones e iniciativas, donde por recordar algunas destacan: luchas ecológicas como las de Imataca y Perijá, sobre la situación dramática en las cárceles y contra los desmanes represivos, en apoyo a las reivindicaciones de la etnia pemón, repudiando la guerra genocida en Irak, en el tema de los derechos de la mujer. Además, hemos actuado sin desmayo contra el clima político de agresividad e intolerancia al que apostaron chavistas y antichavistas, promoviendo acciones y reflexiones conjuntas entre quienes rechazamos a ambas jaurías de politiqueros. Expresamos, como más nadie lo ha hecho, denuncias detalladas y constantes sobre la entrega de los recursos del país a la voracidad globalizadora, por obra de un gobierno revolucionario en sus dichos pero neoliberal en sus hechos, además convalidado por la silenciosa complicidad de opositores que añoran aquella “democracia” donde le servían la mesa a las transnacionales.

En el plano de la divulgación de las propuestas e ideas específicamente anarquistas, hay que destacar la consolidación de la red de difusión de El Libertario en Venezuela, que hoy llega regularmente a 25 ciudades y pueblos de Venezuela, además de contar con distribuidores en 7 países de Europa y América. Con el soporte de esa red y de los lectores hemos logrado ir superando las contingencias económicas que suelen ser el verdugo de esta clase de iniciativas, a pesar de ciertos obtusos que aún se empeñan en atribuir nuestra supervivencia y buena salud a oscuras subvenciones financieras, opinión que revalida aquello de “cada ladrón juzga por su condición”, además de desmentirse por la evidencia palpable de la circulación que alcanza nuestro vocero. Como dato que, de manera indirecta pero plausible, confirma la divulgación de El Libertario y de las posiciones que aquí sostenemos, vale informar que nuestro website www.nodo50.org/ellibertario, operativo desde hace poco más de 2 años, ya superó a las claras las 50000 visitas en total, con un promedio diario que en los últimos meses llega al centenar de registros.

Además del periódico, los anarquistas hemos incrementado el esfuerzo por promover nuestra práctica y nuestro pensamiento en otros ámbitos que paulatinamente hemos logrado abrirnos: foros, conferencias, proyecciones audiovisuales, eventos académicos, conciertos, etc. Sin duda que mucho más cabe y debe hacerse en este aspecto, pero aquí también es grato apreciar la regularidad con que se vienen sucediendo esas oportunidades de un tiempo a esta parte. Por otra parte y superando la consabida estrechez financiera, satisface reseñar que hemos editado varios pequeños tirajes de folletos de divulgación libertaria que han encontrado ávida acogida entre los lectores locales, lo que nos estimula a esforzarnos en ampliar esa dimensión de nuestra actividad. Similar ha sido la situación en cuanto a la reproducción que hemos hecho de material musical libertario, pues nuestros CD’s y cassettes han tenido excelente recepción.

Exponemos tal recopilación de logros aún cuando estamos conscientes de que adversarios y obstáculos son enormes. Pero lo cierto es que tan o más grandes eran en 1995 cuando comenzamos este andar, y no obstante hemos podido sembrar y comenzar a cosechar. Valía entonces la pena recordar a propios y extraños todo lo anterior pues, aquí y ahora, en la modesta dimensión que recogen estas líneas: ¡Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, ese mundo está creciendo en este instante!

º Editorial, # 42, abril-mayo 2005

Al aproximarse otro Primero de Mayo, fecha que conmemora la imperecedera presencia de los trabajadores anarquistas de Chicago en 1886, el colectivo redactor de El Libertario ha querido dedicar el espacio más amplio posible en este número a temas y problemas del ámbito laboral.

No es solo el interés por divulgar la fecunda memoria histórica del anarcosindicalismo lo que nos ha motivado en este sentido. Resulta que tanto como hace 119 años la opresión, la explotación y la injusticia siguen siendo la pauta en la existencia de los trabajadores de Venezuela y del mundo, particularmente cuando las conquistas relativas que el movimiento obrero organizado había alcanzado con sus luchas han sufrido en los últimos 20 años un evidente retroceso frente a la ofensiva neoliberal de patronos y Estados. Salvo escasas excepciones que confirman la regla, en todo el planeta las estadísticas indican que las condiciones de los asalariados (ingreso real, estabilidad, seguridad social, etc.) han mermado, sin que las burocracias que regentan los sindicatos pudiesen hacer mayor cosa para evitarlo. De hecho, las nuevas circunstancias del capitalismo actual y el deterioro en la situación de los trabajadores han redefinido nuestra misma condición como tales, pues un porcentaje creciente sufrimos condiciones laborales de precariedad, informalidad y/o flexibilización que nos ubican en escenarios para los cuales los modos de organización y lucha desarrollados por la clase obrera industrial entre los siglos XIX y XX resultan inadecuados, más aún cuando la misma condición “clásica” de obrero fabril se ha tornado en relativamente privilegiada al compararla con lo que padecen hoy tantos trabajadores.

Todo esto se refleja fielmente en Venezuela, donde 6 años de "revolución bonita" – que ahora, por si fuera poco, se bautiza de “socialista” - no han hecho sino reforzar un cuadro de deterioro laboral que nos agobiaba desde los gobiernos de Lusinchi, Pérez II, Velásquez y Caldera II. Seguramente los defensores del “proceso” bramarán contra esta afirmación recurriendo a las más recientes cifras oficiales de empleo, pero en esas mismas cuentas tenemos que revisar no sólo lo concerniente a las variaciones en la ocupación, sino ver como se han mantenido sin cambios las tendencias a que el número de trabajadores estables de la economía formal disminuya y a que aumenten los trabajadores precarios e informales. Además, la acción del gobierno y las cacareadas transformaciones jurídico-institucionales que promueve, de ninguna manera han variado lo que se venía haciendo en favor de la flexibilización neoliberal de las condiciones de trabajo, prueba de lo cual es que sobre estos asuntos no ha ocurrido la menor queja de las transnacionales que en tropel se aprovechan de las ventajas ofrecidas por esta revolución de habladores de paja, como lapidariamente la ha motejado Domingo Alberto Rangel.

En este contexto, nuestra propuesta no puede ser otra que actuar y convocar para la organización desde abajo en concordancia con los principios generales que el anarquismo ha defendido en el terreno laboral, teniendo en cuenta muy significativamente las reivindicaciones y objetivos de quienes más necesitan de esa organización (y que hasta ahora han sido más renuentes a tenerla): los trabajadores precarios, informales y/o sometidos a las zozobras de la flexibilización laboral. Además, esa organización debe articularse – no sobreponerse ni sustituir – a las instancias de lucha que se constituyan desde otros importantes grupos sociales sometidos a la opresión (mujeres, jóvenes, ecologistas, minorías étnicas, y tantos excluidos o segregados por las diversas razones que inventan el Estado y demás poderes autoritarios). En ese esfuerzo estamos y te invitamos a que nos acompañes...

º Editorial, # 43, junio-julio 2005

En esta edición hemos decidido puntualizar y profundizar en el antimilitarismo, dimensión que entendemos fundamental tanto para el anarquismo en general como para nuestro esfuerzo específico por construir caminos de cambio libertario en Venezuela y América Latina.

A lo largo de la historia del socialismo, las corrientes revolucionarias más consecuentes han sido antimilitaristas radicales, al resultarles obvio que el funcionamiento de la institución armada se haya indisolublemente asociado a la dominación capitalista en sus más siniestras expresiones de muerte y destrucción. Pero el anarquismo ha ido más allá en su crítica a uniformados y cuarteles, pues no solo cuestiona su desempeño sino su existencia misma como mecanismo reproductor de opresión, injusticia, desigualdad e insolidaridad. Fieles a esa herencia, los anarquistas venezolanos tenemos dos décadas constatando y denunciando hechos y procesos que – para el caso de “nuestra” milicia – demuestran cómo aquí se ha repetido esa funesta trayectoria, que sólo ha podido encubrirse a fuerza de machacar el discurso patriotero y adulador que se acostumbra en el país sobre este tema, ejemplo del cual eran en el pasado las monsergas sobre seguridad nacional o lucha contra la subversión, ahora demagógicamente sustituidas por cuentos de unidad líder-ejército-pueblo y defensa asimétrica endógena ante fantasmagóricas invasiones de marines.

Por lo tanto, nuestro reto al grotesco militarismo que hoy padecemos en Venezuela se propone ser todo lo agudo y crítico que no son capaces los flatulentos opositores socialdemócratas y de derechas, en el fondo añorantes de gorilas a su medida y mandar. En similar sentido, damos espacio a los encendidos alegatos de los compas de Chile ante la masacre de conscriptos en Antuco, muestra en gran escala de la inhumana barbarie que es norma cotidiana en la conducta cuartelera de todas partes, ante la cual las cofradías que ejercen o aspiran al poder guardan el silencio de los hipócritas, como también lo hemos visto aquí en tantos casos de reclutas asesinados en aras de la disciplina militar. Quedan pues estos testimonios y análisis a juicio de quienes los lean, ratificando que se han escrito desde el más profundo compromiso con la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Un párrafo final para reiterar nuestra dolida indignación ante dos ausencias de las que hablamos en estas páginas y que hemos sentido de cerca. A Simón Sáez Mérida y Nicolás Neira Álvarez vaya el recuerdo más fraterno y vívido de parte de quienes los tendremos en el corazón. Como dijo Alí Primera, con ese canto que no podrán quitarnos lenguaraces sargentones ni grises burócratas de boinas rojas: “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.

º Editorial, # 44, septiembre-octubre 2005

Individualidades y agrupaciones que por primera vez se comunican con nosotros - a través de este vocero impreso, de Internet o del contacto personal - tienen una pregunta reiterada: ¿qué diferencia hay en la propuesta del colectivo editor de El Libertario al compararse con las dos opciones más conocidas de la escena política nacional?

Contestar significa demostrarles un punto clave en el panorama venezolano reciente: los actores políticos en pugna por el poder institucional (sea el chavismo gobernante o la oposición socialdemócrata y de derecha) han tenido éxito en imponer su agenda a los movimientos sociales de base, llámense laborales, feministas, ecologistas, indígenas, vecinales, estudiantiles, culturales, etc. Éstos aceptaron cancelar su proceso autónomo de luchas y organización, en la ilusión de alcanzar sus objetivos una vez que el respectivo Mesías político se consolidase en el poder. Por eso, con el bando opositor, vimos a los aturdidos exponentes de la “sociedad civil” marchar como ratones de Hamelín tras la flauta que los condujo a los barrancos del “paro cívico” y del descalabro electoral del 15-A. Del otro lado, las ilusiones participativas y protagónicas para la organización popular fueron y son burladas por un gobierno cuyas pautas son la reverente obediencia al caudillo y el consiguiente clientelismo de sus seguidores, sustentándose en el chorro de la renta petrolera y en palabrería demagógica para posponer indefinidamente las promesas, bien sea para cuando se derroten fantasmagóricas acechanzas del enemigo (“invasión yanki”, “magnicidio”, “guarimbas golpistas”), o para cuando se supere el interminable ciclo de torneos electorales.

Ante tal cuadro, nosotros expresamos algo totalmente distinto. No somos ni queremos ser contendientes por el control del poder institucionalizado: somos anarquistas y aspiramos a que desaparezcan tanto el poder estatal como toda otra estructura jerárquica opresiva. Esto no es mera profesión de fe; para nuestra acción aquí y ahora significa asumir el compromiso de promover y potenciar la autonomía de cualquier movimiento social consecuente. Siendo así, no nos interesa erigir “movimientos sociales anarquistas”, que serían tan inútiles para un avance colectivo en positivo como los difuntos círculos bolivarianos o esos partidos de oposición disfrazados de ONG’s. Apostamos por movimientos sociales que construyan dinámicas de acción y organización independiente, basados en la participación más amplia a todo nivel, que permitan reconquistar o construir modos de acción directa y autogestión ajenos al control del Estado u otra instancia de opresión, pues solo así se consolidarían espacios compartidos de libertad e igualdad en solidaridad que serán germen y soporte de ese futuro por el que luchamos. En fin, nuestra oferta se puede resumir en la sentencia de John Holloway: cambiar el mundo sin tomar el poder.

Entendemos que esa propuesta debe llevarse y ser debatida ante quienes - dentro y fuera de Venezuela - se comprometen o simpatizan con la construcción autónoma de los movimientos sociales. Ciertamente, esa intercomunicación y discusión sería muy diferente del montaje burocrático-aclamacionista que caracterizó al XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de agosto pasado, un modelo que todo indica se repetirá en enero de 2006 con el VI Foro Social Mundial. Por lo tanto, en paralelo con apoyar y participar en esfuerzos de organización independiente desde las bases como los reseñados repetidamente en esta publicación, somos parte de la iniciativa en gestación para realizar (también en enero de 2006) un foro alternativo y fuera del dominio político-económico de los poderes institucionalizados, donde se discutiría lo que interesa a quienes llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones y trabajamos porque ese mundo crezca en este instante. Si tú y/o tu agrupación sintonizan con estas ideas, contáctanos a la brevedad.