Durante la semana del 24 al 29 de enero del 2006 se estará realizando en Caracas el VI Foro Social Mundial, en su versión policéntrica, y el II Foro Social de las Américas. La cita ha generado gran expectativa, pues esta ciudad es el epicentro de lo que desde 1999 se conoce como "Revolución Bolivariana", con gran ascendencia en el resto de Latinoamérica y anchos márgenes de popularidad entre diversos movimientos sociales e izquierdistas del mundo. En este sentido, el que Venezuela sea la segunda sede en el continente del Foro Social Mundial es un respaldo "tácito" a la gestión gubernamental del presidente Hugo Chávez, como en su momento lo fue con el gobierno local del Partido de los Trabajadores en Porto Alegre, en su lento pero franco ascenso a la silla presidencial. ¿Este apuntalamiento a su tren ejecutivo posee un correlato en los movimientos sociales venezolanos?, o para expresarlo de manera diferente ¿Qué aportes realizará el Foro Social Mundial capítulo Caracas en el proceso de consolidación, expansión y articulación de los movimientos sociales que hacen vida en el país? Para responder a esta pregunta debemos hacer un somero repaso a su devenir histórico contemporáneo, en relación con la propia trayectoria del país.

º Punto Fijo y Caracazo
Tras décadas de dictaduras caudillistas y militares, en 1958 se inaugura el periodo democrático en Venezuela. El llamado "Pacto de Punto Fijo", realizado entre los principales factores de dominación, que acuerdan la alternabilidad en el poder de los principales partidos políticos de la época, Acción Democrática y COPEI. Pocos años después comienza un período de lucha armada de la izquierda insurreccional, capítulo que dura menos de una década con la progresiva incorporación de estos actores a la política "legal" y parlamentaria, motivada, entre otras cosas, por el piso social construido por la socialdemocracia gracias a los cuantiosos ingresos de la renta petrolera. Las regalías del "oro negro" permitían una estabilidad democrática desconocida en otras latitudes del continente, costeando una amplia seguridad social, la masificación de la educación a todos los niveles y subsidiando sindicatos y asociaciones gremiales a lo largo y ancho del territorio. Los tanqueros petroleros que cada día llenaban sus vientres en los puertos venezolanos, financiaron la amplia clase media que se desarrolló durante las décadas de los 60´s y 70´s, alcanzando su clímax con la llamada "nacionalización" del petróleo ocurrida en 1976, en la cual las industrias trasnacionales como la Shell dejaron de operar en el país. Desde ese año hasta finales de 1981 se vivió el período conocido como de "vacas gordas" debido a la gran cantidad de dinero que ingresó al fisco nacional. A comienzos de 1983 se anuncia la devaluación de la moneda, el bolívar, y se abre un período de crisis económica que comienza a fracturar el modelo de gobernabilidad iniciado en 1958. A mediados de la década de los 80´s empiezan a gestarse amplias movilizaciones populares que no se traducen en votos para los partidos políticos de izquierda, quienes mantenían un porcentaje "histórico" que oscilaba alrededor del 5%.

La expresión palpable de la agonía del pacto de Punto Fijo ocurre en febrero de 1989, durante el llamado "Caracazo", cuando centenares de comercios fueron saqueados en diversas ciudades del país en una semana de violentas explosiones populares, calmadas a sangre y fuego por el ejército y dejando un saldo de muertos y desaparecidos todavía desconocidos, pero que algunos afirman que superan el millar. Es a partir de ese febrero que una sociedad civil, ajena a los partidos políticos del status y a la relación clientelar con el Estado, comienza a configurarse. Por nombrar alguna de sus formas, encontramos que las primeras organizaciones de Derechos Humanos, las asociaciones y redes ecologistas que impulsaron la Ley Penal del Ambiente y las iniciativas sociales que impulsaron las movilizaciones contra el "paquete" neoliberal de Carlos Andrés Pérez -el presidente de Venezuela durante ese período- sólo fueron posibles en ese contexto, cuando con claridad las expresiones institucionales de la democracia venezolana mostraban evidentes signos de agotamiento.

1989 representó un momento importante en la historia de la organización social autónoma de las demandas populares. La efervescencia que se vive antes y después de la revuelta popular evidencia la costura de un tejido social compuesto por infinitas iniciativas sociopolíticas, con diferentes y crecientes niveles de articulación entre sí. Las mismas se enfocan contra el presidente Pérez y su política de "Gran viraje": el intento de aplicar la receta neoliberal dictada por el Fondo Monetario Internacional, la cual contrastaba con las políticas populistas impuestas anteriores. Es este escenario, de una creciente movilización ciudadana es que ocurre un hecho inédito: la introducción por parte del Fiscal General de la República de una demanda de juicio contra el presidente por corrupción y malversación de las llamadas "partidas secretas". En mayo de 1993 Pérez era suspendido de sus funciones.

º Chávez y su movimiento
Un año antes de la defenestración del presidente por cargos de corrupción, un recurso político que parecía parte del pasado del país retorna para ocupar otra vez los titulares de prensa: el golpe de estado. Durante los años que van de 1899 a 1958, 5 conspiraciones liderizadas por militares forzaron el cambio del primer magistrado nacional, incluso -paradójicamente- una que en 1945 se reclamaba en nombre de la democracia y del sistema de partidos.

La tesis de la insubordinación castrense para la toma del poder no fue patrimonio exclusivo de los sectores identificados con la derecha. Diversas insurrecciones armadas estimuladas por la izquierda marxista-leninista eran voceras de la "alianza cívico-militar", en la cual vanguardias políticas se aliaban con "sectores progresistas de las fuerzas armadas" para provocar un cambio. Esta apelación a un pretendido progresismo del ejército venezolano interpretaba su policlasismo bajo el materialismo dialéctico, intentando "agrandar las contradicciones de clase" entre soldados y oficiales para "ganarlos a la causa socialista". Es cierto que la heterogeneidad popular del ejército venezolano es diferente de la conformación de élites de otros en el continente, pero el reduccionismo marxista olvidaba que su sistema jerárquico y de valores los educaba para que se percibieran a sí mismos como una clase diferenciada de los "civiles". Por otra parte, el ejército venezolano también era formado en el anticomunismo y en la lucha contra la subversión según los dictados del Comando Sur de los Estados Unidos, como parte de la lógica de la Guerra Fría.

Tras 34 años sin conspiraciones militares -una de las premisas del Pacto de Punto Fijo-, en 1992 un grupo de oficiales medios del ejército intenta realizar un golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez. En televisión, un personaje uniformado desconocido para el país anunciaba la derrota del alzamiento "por ahora". Ese oficial era Hugo Chávez, quien pasó algunos años arrestado por sublevación militar y fue liberado, via indulto, por el siguiente presidente electo: Rafael Caldera, al igual que Pérez asumía el cargo ejecutivo por segunda vez.

La liberación de Chávez, ocurrida a mediados de los 90´s, se realiza en medio de una amplia movilización de masas y de toma de conciencia. Por primera vez un candidato presidencial proveniente de sectores no tradicionales, Andrés Velásquez, lograba superar ampliamente el 5% histórico electoral de la izquierda, ubicándose porcentualmente detrás del candidato electo. Este era un síntoma de la voluntad de cambio que como una epidemia, se expandía entre los venezolanos ante la crisis económica y el agotamiento del sistema democrático. Chávez y su movimiento se superponen a esa dinámica, logrando darle un rostro -gracias a la amplificación mediática y su aura insurreccional- al descontento. Repetimos: una organicidad que cualitativa y cuantitativamente es contemporánea a su movimiento y de la cual el MBR-200 (el nombre de la primera agrupación política de Chávez) sólo era parte. El paracaidista de Sabaneta realiza una taimada y pragmática lectura de la realidad, pasando de su abstencionismo militante -en cuya etapa pudo granjearse la simpatía de innumerables movimientos de base- a la candidatura presidencial, no lo olvidemos, con el apoyo de grandes medios masivos de comunicación y el financiamiento de sectores del capitalismo internacional. Chávez y su dominación carismástica logran convencer a diversos sectores que él representa la "vanguardia" de la lucha contra el binomio adeco-copeyano y un proyecto de transformación de carácter "revolucionario". La miopía de los partidos tradicionales y su propia momificación aceleraron su implosión, una crisis disimulada por el protagonismo mediático de los sucesos del 2002, pero que mas pronto que tarde -como efectivamente sucedió- terminaría por desmantelar los cascarones vacíos de tales agrupaciones.

º Institucionalizando la rebeldía
Decíamos que Chávez logra cabalgar sobre una ola de descontento popular que comenzó en 1989 la costura de un tejido social compuesto por infinitos embriones de organización, con diferentes y crecientes niveles de articulación entre sí. Una de las virtudes del chavismo es recoger diversas reivindicaciones para incorporarlas en su difusa ideología dando la sensación de que el bolivarianismo era la expresión "legítima" del acervo social y de izquierda del país. El siguiente paso era establecer una dirección incontestable, paradójicamente difundiendo una propuesta democrática "participativa y protagónica" e imponer a sus bases de apoyo una agenda decidida desde arriba, básicamente limitada a la relegitimación en las urnas. De esta manera los movimientos sociales desgastados debido a su progresiva incorporación a la lógica acumulativa político-electoral
hipotecan su propia autonomía, y, lo más importante -para la imposición de un modelo autoritario de dominación-, inmovilizados para levantar reivindicaciones propias. En la imposición de modelos organizativos dirigidas a pulso por una persona y en la desarticulación de las dinámicas ciudadanas que le precedieron se encuentran claves básicas para entender la fragmentación actual de los movimientos sociales venezolanos.

Quien desde afuera haya visto la avalancha de propaganda "revolucionaria" financiada desde el Estado venezolano se puede sorprender de esta afirmación. Pero, de los innumerables ejemplos que la sustentan, nombraremos uno clave. Durante la década de los 90's la gerencia de la compañía estatal de hidrocarburos, Pdvsa, intentó realizar un lobby alrededor de una política de "apertura petrolera", para involucrar a compañías trasnacionales en la exploración y explotación de nuevos yacimientos, revirtiendo la nacionalización ocurrida en 1976. La propuesta, acorde con la ideología de libre mercado, generaba una amplia y rabiosa resistencia en múltiples sectores, lo que la hacía políticamente inaplicable. Detrás de la retórica "revolucionaria" y "anti imperialista" -centrada exclusivamente en la figura de George Bush jr-, el presidente Chávez ha firmado las mayores concesiones energéticas a las trasnacionales desde la década de los 40´s, sin ningún tipo de resistencia interna. Por ejemplo, la mayor reserva gasífera del país, la Plataforma Deltana, ha sido entregada en concesión a Chevron, ConocoPhillips y Statoil por períodos mayores de 30 años. A partir del 1 de enero del 2006 entran en vigencia la figura de las "empresas mixtas" entre las trasnacionales y la estatal petrolera, en donde ambas partes son socias de la exploración y comercialización de los yacimientos. Hasta cuando se escribe este artículo, 18 de noviembre de 2006, no se había realizado ninguna movilización, de ningún sector, contra esta medida. Pablo Hernández Parra, experto en materia petrolera y colaborador del site www.soberania.org, afirma en uno de sus artículos de prensa: "La esencia de todo lo que ocurre, en este nuevo Macondo, que se llama Venezuela, no es otra cosa que el capital nacional e internacional liderado por las compañías petroleras, se ha colocado la boina y franela roja; y avanzado a pasos de vencedores impone su programa de privatización bajo el disfraz del socialismo del siglo XXI (.). Todo lo que ocurre hoy en el país, desde la política petrolera hasta el show mediático con las "expropiaciones de tierra", no son otra cosa que el más vulgar circo entre las marionetas del capital: gobierno y oposición, para consolidar todo el proceso de privatización de los recursos del país: petróleo, gas, minas, tierras, en beneficio exclusivo del gran capital".

º El Foro Social Mundial
En los últimos cuatro años, Venezuela ha vivido una polarización inducida por las cúpulas en pugna por el poder: la vieja burocracia "puntofijista" (Fedecámaras, CTV, partidos políticos) contra la nueva burocracia chavista, que ha sustituido a la anterior. El antagonismo, falso en tanto ejercicio real y no "discursivo" del poder, amplificado y sustentado mediáticamente, ha beneficiado a quienes se han legitimado como voceros de la mitad que pretender "representar". Parte de la desmovilización de los movimientos sociales responde a esta lógica: haber tomado partido y haber asumido, a ciegas, la agenda política impuesta desde arriba, postergando sus propias reivindicaciones. Otro capítulo corresponde a las expectativas creadas por parte de los activistas sociales frente a un gobierno "progresista y de izquierda", portavoz de un discurso que ha asumido el lenguaje de los propios movimientos, pero cuya política concreta va en otra dirección.

El antiguo embajador de Estados Unidos en Venezuela, John Maisto, declaró a los medios en su oportunidad: "A Chávez hay que evaluarlo por lo que hace y no por lo que dice". Esto explica porque a pesar de los impasses diplomáticos, Venezuela realiza los mejores negocios con los sectores económicos más dinámicos del capitalismo globalizado, incluyendo al Gran Hermano del Norte, el cual consume más del 60% de las exportaciones energéticas que salen de puertos bolivarianos. En este punto tenemos que entender que la geopolítica internacional es radicalmente diferente a los tiempos de la Guerra Fría. Mientras los países mantengan el papel que les asigna la globalización economicista, pueden tener la política local que más les provoque. Este, precisamente, es el caso venezolano no sólo en materia petrolera y energética -contando con un barril a más de 60 dólares, los precios más altos de su historia-, sino en los sectores más dinámicos hoy de la economía mundial: banca, finanzas y telecomunicaciones. Además, recordamos que Caracas continua siendo un pagador puntual de su deuda externa y de los compromisos contraídos con el FMI.

Es tal el contexto en el cual se realizará el Foro Social Mundial en el borde del Mar Caribe: con movimientos sociales locales desmovilizados y sin ninguna autonomía de acción. Con un gobierno que financiará su realización y que incluso fanfarronea de ello en avisos publicitarios y ruedas de prensa. Al comienzo de un año en donde el presidente es candidato para la reelección y la tribuna del FSM es el arranque ideal para su campaña electoral. En donde a falta de redes sociales operativas e infraestructuras propias de las iniciativas ciudadanas, la logística del evento -hospedaje, alimentación y transporte- será aportado por el Ejército venezolano para las delegaciones menos significativas y por la red hotelera Hilton para las de mayor interés estratégico para el ejecutivo nacional, como ha sido la tradición en los anteriores cónclaves "revolucionarios" realizados en la ciudad natal de Simón Bolívar. En dónde el chavismo como movimiento -tendencia a la cual pertenecen los principales voceros del comité promotor del FSM capítulo Caracas- en 7 años sólo ha reconocido como actores de cambio a quienes se aglutinan bajo el liderazgo de Hugo Chávez, por lo que sus declaraciones en torno a la realización de un foro plural suenan a discurso demagógico de cara a la galería. En este sentido, la realización de este evento profundizará la dispersión existente de los movimientos sociales y no revertirá, en nuestra opinión, esta tendencia.

Es por esto que a pesar de lo contracorriente, la ausencia total de recursos e infraestructuras y la asimetría, un grupo de personas creemos necesario realizar un evento paralelo al FSM (en la misma ciudad y los mismos días) para asegurar que las discusiones sobre política energética, concentración de poder, militarismo, autonomía y nuevos movimientos sociales, modelo de desarrollo minero y medio ambiente, comunicación alternativa y contrapoder se lleven a cabo, abriendo la posibilidad de difundir otras versiones de lo que pasa en Venezuela. Esto se suma a la propia degradación experimentada por el FSM: su control por parte de ONG´s y grupos sociales más moderados (como ATTAC y Greenpeace), la manipulación por parte de los partidos políticos de izquierda como plataformas propagandísticas. Además, la propia situación de Latinoamérica abre nuevas agendas de discusión, las cuales consideramos que no serán suficientemente abordadas en el FSM: el hecho de que varios gobiernos suramericanos sean "de izquierda" y como sus políticas sociales han sido incapaces de reducir la pobreza, inducir cambios estructurales, preservar el medio ambiente y asegurar los derechos de las minorías en una gestión capitalista de rostro benevolente. Creemos que nuestro evento, el Foro Social Alternativo (FSA), puede ser uno de muchos espacios necesarios para el reencuentro y el diálogo de diferentes movimientos de base, para recuperar nuestras propias reivindicaciones y elaborar nuestro propio calendario de eventos y movilizaciones, sin la injerencia de nadie ajeno a su propia dinámica. Invitamos, por tanto, a todos los activistas para que visiten a Venezuela esa última semana de enero, participen en indistintamente en el FSM o el FSA, y, lo más importante, vean la realidad del país por sus propios ojos, contrasten versiones y datos y no hagan más interpretaciones atendiendo exclusivamente a la propaganda manufacturada por el Estado venezolano o por los partidos políticos de oposición.


º Parálisis de los movimientos sociales venezolanos en datos:
- Movilizaciones en solidaridad con la acción directa realizada por el pueblo indígena Pemón (Gran Sabana) contra la construcción del Tendido Eléctrico al Brasil a comienzos del 2001: Ninguna.
- Manifestación más grande realizada contra la Guerra de Irak: Concentración en Plaza Venezuela - Caracas, 1.200 personas, 25 de marzo 2003.
- ¿Existe Centro de Medios Independientes, Indymedia, en Venezuela?: No
- Asistentes a la manifestación convocada frente al Tribunal Supremo de Justicia por grupos de mujeres para protestar la libertad del indiciado en las agresiones físicas a Linda Loayza, 26 de octubre 2004: 80 personas
- Asistentes a la marcha nacional contra la explotación del carbón en el estado Zulia, 31 de marzo 2005: 1.000 personas.
- Asistentes a la manifestación convocada por los pueblos Barí, Yukpa y Wayuu el 11 de octubre de 2005 en la Plaza Bolívar contra la explotación del carbón en el estado Zulia: 150 personas.
- Movilizaciones por las concesiones energéticas entreguistas realizadas por el gobierno bolivariano a las compañías multinacionales: Ninguna.
- Movilizaciones por la reglamentación gubernamental de la mayor reserva forestal del país, Imataca, entregándola a la explotación minera y maderera: Ninguna
- Movilizaciones por el deplorable estado de los hospitales del país: Ninguna
- Producciones audiovisuales que desde el chavismo denuncien las contradicciones entre el discurso y los hechos del gobierno: Una, "Nuestro petróleo y otros cuentos" (2004) de los italianos Gabrielle Muzio, Max Pugh y otros, censurada por el gobierno. Los canales de televisión Telesur, Canal 8 y Vive Tv proyectan las producciones anteriores de este colectivo audiovisual, no mostrando esta última.
- ¿Alguna otra acción directa convocada desde los movimientos populares?: El 12 de octubre del 2004 un centenar de activistas de organizaciones de base del chavismo se congregaron frente a la estatua de Cristóbal Colon en Plaza Venezuela para derrumbarla. En la convocatoria expresaron su deseo de "llevarle la cabeza a Chávez", quien en ese momento realizaba un acto en el Teatro Teresa Carreño. 3 activistas fueron detenidos por la destrucción de la efigie. El 21 de octubre 50 personas manifestaron frente a la fiscalía pidiendo la libertad de los detenidos. Un año después, según publicó el escritor Luis Britto García, uno de ellos continuaba en la cárcel.


Rafael Uzcátegui
 rafael@contrapoder.org.ve