El artículo «Venezuela: la revolución silenciada», firmado por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, se convirtió a lo largo del año 2005 en pieza maestra de la propaganda pro-chavista en el mundo entero. Basta con colocar la frase del título en Google para apreciar la gran difusión que ha tenido (se encuentra o hay referencia en 3400 lugares de la Red), siendo celebrado por admiradores y paniaguados del Comandante como descripción insuperable, certera e irrebatible de lo que pasa en Venezuela y de los éxitos de la revolución bolivariana. Por ello mismo, me ha parecido que ese artículo es un apropiado punto de partida para abordar el tema de las Misiones, pues el meollo de la argumentación del Cardenal para bendecir las virtudes del chavismo es presentar a las Misiones como la expresión de una estrategia de cambio revolucionario que se está desarrollando en este país.

Antes de ir a lo que predica el purpurado nica, anoto algo sobre el personaje y las circunstancias de su escrito. E. Cardenal es un interesante poeta con deplorables posturas políticas, figura de esa izquierda latinoamericana dogmática que se obstina en adorar a Castro, a Chávez, y en su caso personal, callar ante los desmanes de Daniel Ortega, el autócrata dirigente del corrupto sandinismo. Como sea, a personajes de este perfil se les suele hacer reconocimiento por sus servicios invitándoles – con tratamiento VIP y las canonjías del caso - a eventos como ese Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad que Cardenal anota en el texto como motivo de su viaje a Caracas. Aquí son conducidos en paseos cuidadosamente programados a ver lo que deben ver y a hablar con quien deben hablar, tal como nos lo dice el propio artículo. Antes, durante y después de estas "visitas sorpresivas" se pertrecha a los paseantes de toda las referencias propagandísticas posibles (impresos, CD`s, videos, etc.), para luego regresar a su regio alojamiento a celebrar por cuenta del anfitrión los logros revolucionarios, que serán puntualmente exaltados en una declaración final del Encuentro redactada desde meses atrás por funcionarios del Ministerio de Información local, o en crónicas para el marketing oficialista como la que perpetró el bardo centroamericano. 
 
º La homilía de Su Eminencia

En el artículo cardenalicio se comienza por la obligatoria letanía de la invocación a Bolívar, con la que la propaganda chavista suele escudar su inconsistencia tras el mito patriótico. Pero no me detendré en ello, pues lo interesante para mí es ver cómo se presenta el tema de las Misiones, cuya existencia y resultados se concretan en cifras y hechos que el poeta presenta como irrebatibles verdades. Citaremos y comentaremos punto a punto las afirmaciones más significativas que allí se hacen, pues así iremos desmontando la trama de desconocimiento, mentiras descaradas y medias verdades que rodea a lo que se promueve como acción social legitimadora de “la revolución en marcha”.

- «En uno de los varios municipios pobres de Caracas, había un modernísimo hospital como sólo podría ser un hospital para ricos, pero era gratis para todos, y una dentistería y una óptica. Cerca una farmacia con las medicinas rebajadas el 85% de su precio. (Las recetadas en el hospital eran gratis).» El texto deja ver como que el centro asistencial visitado fuese una obra reciente, pero resulta que en casi 7 años de mandato, ¡este gobierno no ha construido ni un sólo hospital en Caracas! El hospital que visitó el Cardenal, igual a todos los otros de la urbe, viene de la época anterior. En un país rentista petrolero como éste, esos hospitales hace tiempo que son gratuitos y también son de vieja data los programas de venta de medicinas a precios rebajados, pero antes como ahora se trata de servicios plagados de corrupción, burocracia y mal funcionamiento, que pueden dar una atención (la mayor parte de las veces mala, y el resto peor) solo si el gobierno de turno decide destinar a esos fines algo de la renta petrolera. Por cierto, las cifras oficiales indican que el porcentaje del gasto público en salud no ha variado mucho entre períodos anteriores a 1999 y la actualidad.

- «Más allá había una fábrica de calzado y otra fábrica textil, manejadas por cooperativas y construidas para dar trabajo a los desempleados.» ¡En Caracas no se ha construido en estos 7 años ni una sola fábrica de calzado o textil! En cuanto a la historieta de las cooperativas y la cogestión bolivariano-socialista, pueden verse los artículos sobre el tema en los números 38 y 43 de El Libertario, tanto en las ediciones impresas como en su sitio web.
 
- «Vimos un Mercado Popular, donde los precios están rebajados el 40%, y de esos hay en toda Venezuela. Supimos que 8 millones de personas son beneficiados por esos alimentos rebajados o gratis, dependiendo del grado de pobreza, y que son más de medio millón los que son atendidos por los Comedores Populares. Y ahora el pueblo podía comer carne y pollo todos los días, me dijeron en los cerros.» Se trata de una vieja práctica del rentismo petrolero venezolano, que desde siempre ha preferido, en las situaciones económicas boyantes, regalar el pescado y no ocuparse en que la gente aprenda a pescar. Seguramente será una sorpresa para todos estos conversos al socialismo del siglo XXI, pero los gobiernos venezolanos de la década de 1970 hacían cosas muy parecidas como mecanismo para garantizarse el apoyo electoral (que porcentualmente llegó a ser más alto que el que tiene Chávez) por la vía de una distribución clientelar de las migajas de la renta petrolera.
 
- «En Venezuela hay cerca de 25 millones de habitantes, y de esos, 17 millones estaban excluidos de los servicios de salud. Ahora el 85% de la población tiene cobertura de salud pública. El otro 15% acude al sistema privado. En los barrios pobres, selvas, llanos y montañas hay servicios médicos para todos los que estaban excluidos, con modernos centros de diagnóstico con rayos X y electrocardiogramas y endoscopias y ultrasonido, todo gratis para todos. Hay 20.000 médicos para los pobres, casi todos cubanos, que atienden un promedio de 250 familias cada uno. Estos son alojados por la comunidad y viven en las mismas condiciones que la demás gente.» Como ya dijimos antes, el acceso masivo y gratuito a servicios públicos de salud no es ninguna novedad en Venezuela, lo hubo en otras épocas de bonanza petrolera, y entonces como ahora las inversiones masivas no han resuelto problemas de organización, funcionamiento y corrupción que siguen presentes. Respecto a los médicos cubanos, el entusiasta Cardenal se sube en 20% la cifra oficialmente aceptada, además de obviar que esos médicos (muchos trabajando a disgusto por la tajada de su sueldo que se lleva el gobierno castrista y por los diversos inconvenientes que deben afrontar) se ocupan de un área de atención primaria para la cual aquí en Venezuela habría suficiente personal de salud disponible, pues de ningún modo hay una carencia de recursos humanos que justifique esa masiva importación de médicos. 
 
- «Se estaban terminando de alfabetizar el millón y medio de analfabetas que había en Venezuela. Antes cualquier tipo de educación había estado fuera del alcance de los pobres, pero ahora 13 millones de venezolanos estaban estudiando. Se dan clases hasta en los últimos rincones de Venezuela, y hasta a los indios de la selva, a los que se les enseña en sus lenguas y en textos impresos para ellos.» No hay todavía cifras precisas que indiquen el efectivo alcance y los resultados de los programas de alfabetización emprendidos por este gobierno. En todo caso, y aún cuando se hubiesen alcanzado los objetivos proclamados por la propaganda oficialista (cosa más que dudable), debe recordarse que al iniciarse el gobierno chavista, el porcentaje de adultos analfabetas era de alrededor de 10%, lo que apunta a un problema de dimensiones menos dramáticas a lo que sugiere el Cardenal. Además, vale aquí lo dicho sobre la salud, pues desde mediados del siglo XX el Estado venezolano utilizó la renta petrolera para reducir la conflictividad social, proveyendo a la población de ciertas compensaciones en cuanto a mejorar su calidad de vida a cambio de su apoyo al modelo de dominación. Por lo tanto, hace tiempo que se había dado un importante acceso de los sectores populares al aparato educativo, con lo que incluso hubo una expectativa de movilidad social ascendente que duro hasta la década de 1980. Si el Cardenal se hubiese tomado la molestia de revisar las cifras de incorporación al sistema escolar anteriores y posteriores al ascenso de Chávez, se daría cuenta que no hay diferencias sustanciales al respecto. ¡Ojo, tampoco ha variado significativamente el porcentaje del gasto público en educación!
 
- «Están las Escuelas Bolivarianas para los pobres en las que no se paga ni matrícula siquiera, y hay desayuno, almuerzo y merienda en la mañana y en la tarde, y de estas hay más de mil en Venezuela. Estas escuelas tienen también deportes, computadoras, Internet, psicólogos, atención médica, y lógicamente en ellas hay poca deserción.» El argumento es el mismo: cuando la renta petrolera lo permite, el Estado venezolano ejecuta esta clase de "generosidad". Me permito mencionar (a riesgo de revelar el secreto bien guardado de mi edad) que durante mi infancia, como estudiante de educación primaria en escuela pública a principios de la década de los 60, teníamos unos beneficios equivalentes y a nadie se le ocurría presentar eso como resultado de la revolución socialista...
 
- «Existen las llamadas “becas”, que son de 100 dólares al mes, una cantidad cercana al salario mínimo, y de estas hay 400.000 en toda Venezuela. Todos los pobres que trabajan en proyectos comunitarios tienen esa beca, y todos los pobres que enseñan o estudian o están teniendo alguna capacitación. Pregunté quién pagaba eso y me dijeron que el petróleo. Es una socialización de la renta petrolera. Estudiar ahora es una forma de empleo, y se les paga por aprender. En realidad Chávez “nacionalizó” el petróleo. Me dijo una mujer: “El petróleo ya es de los venezolanos. Nadábamos en petróleo, y no sabíamos nada del precio, la producción, y en qué se utilizaba todo eso. Ahora sabemos cómo amaneció el precio del barril de petróleo”.» Aquí pareciera que el Cardenal se olió un incienso raro (se fumó una lumpia, diría el habla ruda de las calles caraqueñas). Ni siquiera el mismo gobierno se ha atrevido a publicar alguna indicación cuantitativa que apunte a que en Venezuela efectivamente se ha producido en estos años un cambio perceptible en la distribución del ingreso, o una efectiva socialización de la renta petrolera, como sermonea el prelado. La mejora que pudieran haber tenido algunos sectores populares gracias a esa política de becas y subvenciones directas mencionada en el artículo (que como es de suponerse, se usa como mecanismo para garantizar la fidelidad de la clientela política) es una minucia comparada con las tajadas de león que, sobre esos crecientes ingresos petroleros, se están llevando las transnacionales y la nueva burguesía de parásitos del Estado que el chavismo está creando, a imagen y semejanza de la que existía en la IV República. Sobre el auténtico talante de esa nacionalización petrolera que adelanta el actual gobierno, es mucho y muy detallado lo que se ha escrito en este periódico, así que les invito a recorrer lo publicado al respecto en los números 31, 35, 37, 38, 39, 40, 42 y 44. ¡Y eso sin referirnos a en qué ha consistido la susodicha nacionalización en áreas como el carbón, el oro, la banca, las telecomunicaciones y un etcétera bien largo!...

º Comulgando con la farsa

A cuanto turista revolucionario arriba a estas costas, sea un entusiasta joven mochilero dispuesto a dormir en los incómodos catres de un núcleo endógeno, o un celebrado Cardenal con Suite y cuenta abierta de gastos en el Anauco Hilton, lo primero que se le muestra de Venezuela son las bondades de las Misiones, y cómo el ciudadano de a pie, quien por 15 ó 20 años no recibió casi nada del botín petrolero, ahora "defiende" estos pedazos de lisonjas venidos desde arriba. En el mismo acto de embaucamiento, la propaganda chavista intenta hacer creer que “el pueblo bonito y contento defiende su derecho a la alimentación, el trabajo, la salud y la educación”, cuando lo que defiende son las Misiones en si mismas, ese programa de emergencia en donde – a cambio de su obediente respaldo político clientelar - le curan una pequeña dolencia, compra algunos alimentos mas baratos, donde aprende el abecedario... cómo lo remacha la propaganda electoral: "no dejes que te quiten tus Misiones, vota por Chávez y su gente", cosa muy distinta a defender esos Derechos con mayúsculas.

Lo que (aparente, cínica o interesadamente) ignoran estos cofrades de la buena nueva chavista, es que el gran éxito del actual gobierno es instrumentalizar la movilización popular en focos delimitados desde arriba, donde los derechos son los que el Estado define como tales y concede en los términos que acota. Todo el tejido social (hablo de movimientos sociales y colectivos políticos) ha sido fragmentado - quizás con la excepción de las organizaciones de DDHH -, tanto que planes estatales neoliberales contra los cuales hubo una intensa movilización hace apenas 10 años, hoy se logran implementar limpiamente gracias a la desmovilización promovida tanto por el gobierno como por su oposición socialdemócrata y de derecha. El chavismo ha probado en la práctica que nadie es mejor gerente del capitalismo que los "revolucionarios".

A esto último se refiere este inefable párrafo del artículo comentado: «En 1999 Chávez en China ante la tumba de Mao declaró que Venezuela se había levantado como lo había hecho China 50 años antes con Mao Tse Tung. Así es, aunque lo ignoran los medios de comunicación tanto de Venezuela como del extranjero. La revolución cubana ha sido calumniada todo el tiempo, y así lo fue la de Nicaragua. Con la de Venezuela la táctica ha sido silenciarla.» Tras reponerme de la sorpresa de constatar que para, la fe de este Cardenal, el Vaticano queda en Beijing, me parece que el poeta y su cónclave deben agradecer esa táctica de callar lo que pasa en Venezuela, con la promesa de que nos estamos levantando como lo hizo China 50 años atrás, y el evidente corolario de que la meta es llegar a esa barbaridad de capitalismo ultraliberal, depredador y autoritario que hoy sufre aquel país. De hecho, el más obligado a ese silenciamiento o adulteración sobre lo que ocurre aquí es el propio régimen chavista, primer interesado en oscurecer sobre lo que en realidad ocurre en casos como en el de las Misiones, ejemplos nada novedosos de lo que es y ha sido la estrategia de dominación capitalista en Venezuela.

[Publicado originalmente en El Libertario, vocero de la Comisión de Relaciones Anarquistas de Venezuela, # 45, noviembre 2005, p. 6]