Brutal repression in Oaxaca

Brutal repression in Oaxaca

Black wind in Oaxaca. The hours of the popular repression. Ulises governor did not fall and their corpse ashes average dead became wild pumps that operated in the hand to the teachers and members to him of the Assembly of the Towns of Oaxaca(APPO). The church closed its doors, while the repressive ones stopped to which they escaped. The paramilitary ones continue shooting their arms of high power since they did it against Brad Will. The haltings were multiplied with the aid of the Army and the federal police that took the control from the state. The illegal prospections became the bread from every day, like the "lifts" or kidnappings express against most active in the resistance of Oaxaca. The Independent University of Oaxaca Benito Juárez was squashed and repressed until having to give to Radio University by lack of support to continue transmitting the bitterest moments of the repression.
Berta Muñoz, vigorous defender of the communitarian communication of Radio University knows that the enthusiastic workers of the communication of the resistance were imprisoned, disappear, dead or hidden in some place to save its life. Radio University was repressed until the voice of the resistance suffocated and lost in that black wind that takes all the fury of the impotence. No longer the voice of the companions is listened to who shouted with such strength that the resistance was alive before a giant and killer aggressor. Either to those unexpected speakers who invited the town not to surrender until causing that Ulises Ruiz resigned to initiate a new stage in the solution of the most aged problems of the state.


Viento negro en Oaxaca. Las horas de la represión popular.
El gobernador Ulises no cayó y sus cenizas de cadáver medio muerto
se volvieron bombas salvajes que le explotaron en la mano a los maestros y miembros de la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca(APPO).
La iglesia cerró sus puertas,mientras los represores detenían a los que escapaban.
Los paramilitares siguen disparando sus armas de alto poder como lo hicieron contra Brad Will. Las detenciones se multiplicaron con la ayuda del Ejército y las policías federales que tomaron el control del estado. Los cateos ilegales se volvieron el pan de cada día, al igual que los “levantones” o secuestros express en contra de
los más activos en la resistencia de Oaxaca.
La Universidad Autónoma de Oaxaca Benito Juárez fue aplastada y reprimida hasta tener que entregar Radio Universidad por falta de apoyo para seguir transmitiendo los momentos más amargos de la represión.
Berta Muñoz, vigorosa defensora de la comunicación comunitaria de Radio Universidad sabe que los entusiastas trabajadores de la comunicación de la resistencia estaban presos, desaparecidos, muertos o escondidos en
algún lugar para salvar su vida.
Radio Universidad fue reprimida hasta que la voz de la resistencia se ahogó
y perdió en ese viento negro que lleva toda la furia de la impotencia.
Ya no se escucha la voz de las compañeras que gritaban con tal fortaleza que la resistencia estaba viva ante un agresor gigante y asesino. Tampoco a esos locutores improvisados que invitaban al pueblo a no rendirse hasta hacer que Ulises Ruiz renunciara para iniciar una nueva etapa en la solución de los problemas más añejos del estado.
Hoy hay clases en la universidad, pero huele a muerte. El luto es permanente,
se sabe que la represión brutal sigue de cacería. Nadie quiere mirar de frente. Los caminos están cerrados, aunque parecen estar despejados.
Las barricadas se fueron con ese viento negro de los gases y pólvora mojada
de los asesinos.
Los estudiantes y maestros de la universidad y otras instituciones que apoyan al movimiento popular fueron brutalmente golpeados, torturados y humillados por los grupos de inteligencia que los cazaron en las noches de regreso a casa.

Cinco Señores, la última barricada defendida por la resistencia popular,
quedó en el olvido. Sin nadie que la reclamara suya. Sus defensores fueron
detenidos, torturados, desaparecidos, encarcelados, humillados como sucedió en San Salvador Atenco por los mismos actores represivos al mando del General Ardelio Vargas Fozada y su grupo elite de militares experimentados en
reprimir movimientos sociales.
Oaxaca vuelve a la normalidad.
Esa normalidad que deseaba Ulises Ruiz para seguir violando los derechos humanos de una población harta de recibir injusticias, abandono y humillaciones de sus gobernantes.
El gobernador recorre las calles
como un triunfador que ha podido escapar de los fraudes cometidos en nombre
de una sociedad que lo ha dejado delinquir para seguir disfrutando de los
beneficios de una corrupción que premia sus despojos.
Ulises Ruiz el gran dictador luce desafiante y rejuvenecido por un sistema que premia las masacres y genocidios como el de Gustavo Díaz Ordáz y Luis Echeverría Alvarez, ahora en aparente
desgracia.
Sin emabrgo la impunidad en estos casos
ha dejado una larga huella de violaciones a los derechos humanos y
asesinatos contra luchadores sociales
que muestran claramente que asesinos como Ulises Ruiz puedan seguir disfrutando sus millones defraudados, mientras sus opositores están en la cárcel, hospital o en un cementerio.
Para el pueblo no se olvida Tlatelolco,
10 de junio, San Salvador Atenco y
este pasado sábado vengativo, en que los perros rabiosos fueron lanzados a las calles en contra de la última mega marcha de noviembre, la más reprimida.
Fue la revancha del sistema represivo del PRIAN contra la resistencia popular, contra su expresión de conciencia social en una era de protestas legitimas que no
fueron atendidas durante 6 meses, para luego aplastar a los inconformes con
una brutalidad de animales salvajes.
En recompensa el gobierno federal destinó otros mil millones de pesos para dilapidar entre su camarilla de garrapatas sociales que viven de un
presupuesto ensangrentado por Vicente Fox y Felipe Calderón.
Mil millones de pesos, la misma cantidad que le dieron a Elva Esther Gordillo,la maestra del mal, para tratar de resolver el problema laboral de 70 mil maestros Oaxaca.
No hay duda que la represión fue brutal y que los helicópteros siguen el rumbo
de las prisiones o de los vuelos para arrojar al vació a los opositores agresivos.
Esto fue parte de la guerra sucia que parecía estar superada, aunque fuera en parte,castigar brutalmente a los disidentes es la consigna gubernamental.
Hacen viajes con nuevos detenidos, con maestros, mujeres, menores de edad, periodistas, trabajadores, campesinos e inconformes que se atrevieron a desafiar las miradas asesinas de sus represores.
El temor por su destino es manifiesto. Nadie cree que en México se están respetando los derechos humanos,aunque Felipe Calderón mienta con su doble discurso e impresión de la represión con su secretario de Gobernación. Campeón en violaciones a los derechos humanos en Jalisco, como lo comprueban las 639 denuncias de tortura en su contra y castigos represivos a los activistas contra la globalización en marzo del 2004. Ese es Francisco Ramírez Acuña,la mano dura que los "pacíficos" querían para imponer el terror y la obediencia total de sus opositores.
Vicente Fox y Carlos Abascal dicen haber cumplido y despejado el camino a
Felipe Calderón, que todo esta en paz en México.
¿Pero cómo puede estar en paz un país donde existe un estado de sitio y una
crisis que traspasa las fronteras de la ignominia?
¿Cómo justificar una represión fascista para entregar cuentas alegres a Calderón?
¿ Cómo aceptar que Francisco Ramírez Acuña, nuevo secretario de gobernación
llegue aplastando al movimiento de Oaxaca y enviando a los prisioneros a
cárceles de alta peligrosidad, especialmente a 34 mujeres, la mayoría indígenas, que su único delito fue gritarles a los soldados que también son parte del pueblo?
México vive una profunda crisis y lo que viene va a ser peor, porque la derecha
extrema gubernamental del PRI-PAN no quiere gobernar para el pueblo, sino
para los barones del dinero y el poder.
El asunto de Oaxaca no está terminado, mucho menos porque se recurrió a la
violencia extrema para salvar la vida de Ulises Ruiz al frente del gobierno de
Oaxaca. Por el contrario abrió más heridas que no se podrán cerrar hasta que el pueblo reciba respuestas contundentes a sus demandas, rezagos y quejas no resueltas por décadas de opresión.
El pueblo de Oaxaca ha puesto a sus muertos, heridos, torturados, desaparecidos y mártires anónimos, que como Brad Will, sólo trataban de mostrar una realidad que nadie quiere ver: la injusticia brutal que condena a millones de mexicanos.
El invierno que nos espera será mucho peor y más vergonzante.