Paz para Colombia

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“La Paz en Colombia”: Las éticas revelaciones de Fidel Castro Ruz

Arleen Rodríguez Derivet

2008-11-12

Exclusivo: A partir de mañana en el sitio:  http://www.cubadebate.cu/ usted podrá descargar la versión digital del libro.

"La paz en Colombia" de Fidel Castro Ruz. El título y el autor bastarían para convertir a este libro en el más demandado y leído de los días que corren en todo el mundo. Basta mirar el excelente empaque de esta obra de la Editora Política para suponer que sus páginas atesoran el juicio personal del estadista de talla extra que lo firma, sobre un capítulo complicado y oscuro de nuestra época y nuestra región.

Lo que no puede develarnos la vista de cubierta es lo que en realidad resulta ser este libro: nada más y nada menos que un trozo esencial de medio siglo de la historia contemporánea, narrada por uno de sus protagonistas fundamentales, con todos los encantos de una novela, sin faltar ni una letra a los hechos de la vida real.

Aquí se cuenta, con el rigor de detalladas anotaciones en informes y documentos, inéditos hasta hoy, todo aquello que alguna vez quisimos saber sobre las interioridades de las negociaciones entre los diferentes gobiernos de Colombia y la dirección de la Revolución Cubana –con o sin relaciones diplomáticas- para destrabar diálogos de paz, rescatar rehenes y hasta evitar matanzas, como la que pudo provocar el plan del gobierno de Julio César Turbay Ayala para asaltar la embajada dominicana, tomada en los primeros meses de 1980 por un comando del M 19.

Los 16 capítulos del libro –incluyendo la introducción y el Epílogo- contienen revelaciones trascendentes y documentan, por primera vez, acontecimientos que andaban dispersos en recortes de prensa o permanecían desconocidos para muchos, en libros de escasa divulgación.

Otros, dígase, por ejemplo, la narración que hacen al líder de la Revolución, dos cuadros del Departamento América del Comité Central del Partido, sobre la alucinante historia del secuestro y rescate de Juan Carlos Gaviria, hermano del ex Presidente y para entonces (1996) Secretario General de la OEA, César Gaviria, tienen todos los atractivos de la novedad absoluta y tanto de realismo mágico, que el propio Fidel los devela como "Sucesos de ficción".

Desde las conspiraciones yanquis contra Cuba en la OEA y las dos Declaraciones de La Habana -¿alguien notó antes qué enormes piezas políticas y literarias son?-, hasta las conversaciones de paz de San Vicente del Caguán, el libro nos devuelve a sitios y circunstancias aparentemente conocidos, pero que adquieren un nuevo significado con las luces que de una vez le aportan, un analista político del calibre del autor y los acuciosos investigadores o testimoniantes de primera fila citados por él, como el cronista de El Bogotazo, Arturo Alape, el dirigente comunista Jacobo Arenas, el legendario jefe guerrillero Manuel Marulanda o el ex Presidente, Andrés Pastrana.

Escrito en el estilo directo y rotundo de las Reflexiones, "La paz en Colombia" las trasciende por su extensión y estructura, pero sobre todo por la manera en que ese invaluable testimonio personal se combina con otros, más o menos públicos, de los coprotagonistas de la historia.

Solo un estratega político y militar como Fidel Castro, vinculado además desde el origen y el sentimiento mismo a los acontecimientos que narra, podía armar un conjunto tan coherente con los fragmentos extraídos de esa diversidad de autores y fuentes que nutren los diferentes capítulos, sin demeritar ni desconocer a ninguna de las partes a la vez que sin desprenderse de sus firmes convicciones.

La guerrilla más antigua y el conflicto más largo y violento de América Latina dejan de ser así una circunstancia maldita, para mostrársenos, con sus antecedentes y precedentes, sus causas y consecuencias, desde la perspectiva del más experimentado combatiente e indiscutible líder revolucionario continental.

Más de 400 horas de intenso trabajo –lo confiesa en el Epílogo- desbordan las 265 páginas con las citadas revelaciones y muchas otras sobre los vínculos de la Revolución Cubana con otros destacados movimientos revolucionarios latinoamericanos.

Pero si hubiera que escoger alguna de sus partes como síntesis y resumen, "El valor de los principios" puede decirse que es la esencia misma y acaso ese momento en que adquirimos la certeza de que más que un libro, esta es una hermosa, insuperable, lección de historia y ética.

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Sobre el libro La paz en Colombia, de Fidel Castro


Responsabilidad ética y compromiso revolucionario

PEDRO DE LA HOZ

 pedro.hg@granma.cip.cu

Durante los últimos meses diversos acontecimientos de la realidad colombiana fueron comentados por el compañero Fidel en sus habituales Reflexiones publicadas en la prensa cubana. La operación humanitaria auspiciada por el presidente venezolano Hugo Chávez que culminó el 10 de enero con la puesta en libertad de Clara Rojas y Consuelo González, retenidas por la guerrilla; la incursión militar del primero de marzo, con asistencia norteamericana, que masacró en territorio ecuatoriano a combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y a jóvenes de otras nacionalidades, en flagrante violación de la soberanía de un país extranjero, condenada días después en la reunión del Grupo de Río en la capital dominicana; y la liberación de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y otras 14 personas en una acción que contó con el apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos, motivaron sucesivas apreciaciones del líder de la Revolución cubana acerca de la connotación de los hechos y sus implicaciones políticas y éticas en el ámbito latinoamericano y caribeño.
A partir de una pregunta que se hace a sí mismo —"¿Fue objetivo y justo mi análisis sobre Marulanda y el Partido Comunista de Colombia en las Reflexiones publicadas el 5 de julio del 2008?"—, Fidel emprendió la escritura de La paz en Colombia, revelador título publicado por la Editora Política, y que le llevó 400 largas y arduas horas de documentación, análisis y redacción.
A lo largo del libro, Fidel desarrolla tres ideas centrales: una, la caracterización y el desarrollo de la personalidad del fallecido jefe de las FARC, la evolución de la guerrilla y su papel en el complejo entramado político colombiano; otra, la incidencia del poder oligárquico, sus instrumentos de explotación y represión, y su alianza con el imperialismo norteamericano en la génesis y ejercicio permanente de la violencia; y, en tercer término, la real naturaleza de los vínculos de Cuba con los movimientos revolucionarios de América Latina y su larga y sostenida contribución a la búsqueda de una solución justa, realista y humanitaria al conflicto armado que desangra a Colombia.
Este país, andino y caribeño al mismo tiempo, es una larga y antigua herida enconada en el cuerpo del continente. Aún antes de que cayera asesinado en una calle bogotana Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, fecha en la que cobró impulso la espiral de violencia que llega hasta hoy, la nación vivió muchas páginas de terror. En otra de sus Reflexiones (17 de julio del 2008), Fidel, quien se hallaba en Colombia durante los trágicos sucesos conocidos como El Bogotazo, evoca haber leído "noticias sobre las matanzas que tenían lugar en el campo bajo el gobierno conservador de Ospina Pérez. Se informaba normalmente sobre decenas de campesinos muertos en aquellos días".
La paz en Colombia no es un ensayo especulativo, sino un testimonio apegado a la objetividad de los hechos. Desde los primeros capítulos —en los que glosa la Primera y la Segunda Declaración de La Habana (1960 y 1962), imprescindibles para entender la respuesta del Gobierno y del pueblo cubanos ante el acoso del imperio y sus súbditos latinoamericanos— hasta el último —donde contrasta las memorias del ex mandatario colombiano Andrés Pastrana con sus propios recuerdos sobre los temas abordados en sus conversaciones con este, y se publican las expresiones de Pastrana acerca de la "transparencia, sinceridad, lealtad y amistad hacia Colombia" del líder cubano—, Fidel privilegia la exposición documental.
De tal modo, el jefe histórico de las FARC (su verdadero nombre era Pedro Antonio Marín) es visto a través de los excelentes testimonios del escritor Arturo Alape y se ve a sí mismo en los llamados Cuadernos de Marulanda. Un testigo clave para comprender la intríngulis de las negociaciones de paz en la época de Pastrana es citado ampliamente en el libro: José Arbesú, funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba que asistió a las negociaciones de Caiguán en enero del 2001 y luego sostuvo entrevistas con Marulanda.
De sumo interés resultan, además, las referencias escritas por Jacobo Arenas (nombre de guerra de Luis Morantes), autor del Diario de la resistencia de Marquetalia (1972), militante comunista que se incorporó a las FARC y aportó a la formación ideológica de los cuadros de la guerrilla. Arenas falleció en 1990, luego de haber sido uno de los principales artífices del movimiento Unión Patriótica, en el que las FARC y otras fuerzas se agruparon para participar en la escena política pública. Durante el gobierno de Belisario Betancur, dos candidatos presidenciales, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y miles de sus militantes fueron asesinados por grupos paramilitares, fuerzas de seguridad y sicarios del narcotráfico.
El libro también revela la decisiva mediación cubana en la liberación en 1996 de Juan Carlos Gaviria, secuestrado por el Movimiento Dignidad por Colombia —episodio de tintes tan rocambolescos que al abordarlos Fidel lo hace en un capítulo que titula "Sucesos de ficción", y aún antes en la solución pacífica de la crisis planteada por la ocupación y toma de rehenes el 27 de febrero de 1980 en la Embajada de la República Dominicana en Bogotá.
La transcripción de largos fragmentos de la conversación de Fidel con comandantes guerrilleros de la Coordinadora Simón Bolívar en La Habana en 1991 evidencia el respeto con que el líder de la Revolución cubana trató el delicado tema de la insurgencia en el país sudamericano.
En aras de ofrecer una idea más precisa del contexto en que se desarrollaron en décadas anteriores las luchas populares en el continente frente al injerencismo y los crímenes imperiales, Fidel incluye en su exposición detalles de la concertación internacionalista que contribuyó al triunfo del sandinismo contra la dictadura somocista en 1979, y de la brutal agresión yanki contra Granada en 1983, que costó la vida a colaboradores cubanos que se hallaban en esa isla caribeña entregados a una noble misión civil.
Con total franqueza y absoluta transparencia, y a partir del cúmulo de informaciones manejado, Fidel define a Marulanda como un líder que "comprende las realidades del país y de la época que le tocó vivir. Estaba lejos de ser el bandido y narcotraficante que se empeñaron siempre en presentar sus enemigos". En otro momento evalúa: "Hizo cosas extraordinarias con unidades guerrilleras que, bajo su dirección personal, penetraban en la profundidad del territorio enemigo. Cuando alguien fallaba en el cumplimiento de una misión parecida, estaba listo siempre para demostrar que era posible".
Pero a la vez, con honestidad y conocimiento de causa, plantea desde un principio: "Mi desacuerdo con la concepción de Marulanda se fundamenta en la experiencia vivida, no como teórico sino como político que enfrentó y debió resolver problemas muy parecidos como ciudadano y como guerrillero, solo que los suyos fueron más complejos y difíciles". Ya hacia el final argumenta: "Yo discrepaba del jefe de las FARC por el ritmo que asignaba al proceso revolucionario de Colombia, su idea de guerra excesivamente prolongada”. “Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra, a aplicar políticas que los humillen o someterlos a las durísimas condiciones de la selva. De ese modo nunca rendirían las armas, aunque el combate estuviera perdido. Tampoco estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra".
En cuanto al Partido Comunista de Colombia, Fidel describe cómo, al igual que otras formaciones similares en América Latina, "fueron miembros disciplinados de la Internacional mientras existió formalmente" bajo la línea del Partido Comunista de la URSS. En el caso de Cuba, no sin contradicciones ni tensiones, prevaleció la unidad entre las fuerzas revolucionarias. Los desencuentros programáticos y tácticos entre el Partido colombiano y los movimientos insurrecciónales, en diversas etapas de la historia de ese país, no implican, en modo alguno, una devaluación de sus abnegados militantes.
Entre las conclusiones que se derivan de la lectura de este libro, hay dos que deben ser subrayadas: la actuación interesada y perniciosa del imperialismo norteamericano en el conflicto colombiano de una parte, y de otra, el valor de los principios revolucionarios.
Solo desde un compromiso entrañable con la verdad, la justicia, el destino de los pueblos y la fe martiana en el mejoramiento humano se puede concebir un libro como este.
Una contribución de tal magnitud a la comprensión de los dramáticos avatares de la historia colombiana a lo largo de las seis últimas décadas es posible por la cultura política, la lucidez analítica y la altura ética de un hombre al que un colombiano ilustre, Gabriel García Márquez, ponderó al decir: "Su visión de América Latina en el porvenir, es la misma de Bolívar y Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de mover el destino del mundo".


 http://www.granma.cubaweb.cu/2008/11/13/nacional/artic09.html




Presentado libro de Fidel Castro "La Paz en Colombia"

Juan Diego Nusa Peñalver

La Habana, 12 nov (AIN) El libro "La paz en Colombia", escrito por el jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, fue presentado hoy en el Palacio de las Convenciones, lo cual constituye un verdadero regalo para lectores y estudiosos del tema.
Este título, fruto de más de 400 horas de intensa labor del líder cubano, revela por vez primera el contenido de importantes documentos, entrevistas y sus propias vivencias sobre el conflicto interno en esa nación sudamericana.
También deja constancia histórica de los sostenidos y nobles empeños de Cuba para contribuir a alcanzar la paz en ese hermano país.
Abel Prieto, ministro de Cultura y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), expresó que ha sido una sorpresa gratísima que Fidel "nos regale un libro inédito", el cual en cambio será una sorpresa funesta para los enemigos de la Revolución Cubana.
Agregó que la intelectualidad auténtica de izquierda va a apropiárselo como un libro de referencia, al igual que todos aquellos que participan en los movimientos sociales en América latina y otras regiones, "aquellos que como dijo Fidel, en la introducción del título, realmente luchan por un mundo mejor y más justo".
José Arbesú Fraga, vicejefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del PCC y testigo excepcional de la historia narrada, explicó varios aspectos contenidos en esta obra de Fidel.
Indicó que lo más importante del volumen es que expone los esfuerzos de Cuba a favor de la paz en Colombia, lo cual se ha intentado de ocultar y silenciar por el imperialismo norteamericano y la oligarquía de esa nación andina.
Tras explicar aspectos del complejo conflicto civil interno en ese país sudamericano y la intervención de la Isla por razones humanitarias, puntualizó que Cuba nunca envió ningún armamento a Colombia ni tampoco se le dio ayuda financiera a ninguna organización colombiana.
Por su parte, la periodista cubana Katiuska Blanco, en la presentación de este volumen de casi 300 paginas y un amplísimo pliego fotográfico alusivo a toda esta historia y probatorio de todo cuanto se narra en el, dijo que tiene el valor de estar contado con sinceridad.
Puntualizó que sobresale en la obra el valor de la ética presente en Fidel y la Revolución Cubana desde los tiempos de la Sierra Maestra, además de mostrar la complejidad de los fenómenos que ha debido enfrentar la Isla "no siempre fácil de comprender".
Indicó que una verdad innegable del documento ha sido el respeto estricto de Cuba a las prerrogativas de las fuerzas revolucionarias en el continente a lo largo de la historia.
Manifestó que tiene igualmente la virtud de probar cada palabra afirmada y de hacerlo con amenidad y soltura; incluso "narrado con cierta jocosidad propia de nuestra estirpe en graves y difíciles momentos".

 http://www.ain.cu/2008/noviembre/12cvlibrofidel.htm