La imagen ha dado la vuelta al mundo. George W. Bush, atacado a zapatazos.

Directo a la cabeza lanzó el periodista iraquí su par de benevolentes misiles contra el hombre que lanzó contra las tierras de Mesopotamia el caos, la destrucción y la muerte.

Una factura demasiado alta por esa democracia tutelada de la que el presidente americano en funciones estaba hablando junto al primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, cuando se produjo el incidente.

Al grito “Toma tu beso de despedida, perro” se consoló el irakí con una elocuente imagen de despedida para una pesadilla que toca a su fin.

Arrojar el zapato contra alguien en la cultura musulmana es la máxima expresión de desprecio con el máximo de difusión pública y el mínimo de riesgo para la seguridad física del todopoderoso presidente de los Estados Unidos.

Está garantizado el acceso del colega iraquí al estrellato mundial, si antes no le desgracian total o parcialmente quienes lo retuvieron inmediatamente mientras forcejeaba y seguía insultando a George W. Bush.

ZAPATAZOS PENDIENTES

Considerando los desmanes ocasionados por el nuevo gobierno de Paraguay, perpetrados por los grupos financiados Washington y aglutnados en torno al obispo Fernando Lugo, aún quedan pendientes varios zapatazos contra George W. Bush.

Es que la "lucha por la soberanía energética" de algunos personajes del entorno del obispo Fernando Lugo, como Ricardo Canese, tiene mucho en común con el concepto de soberanía que para los países del Tercer Mundo, posee su benefactor George W. Bush.
Para comprender la similitud, debemos mencionar que Estados Unidos envió como embajador a Irak a John Negroponte, puesto al frente de la más grande embajada y la más grande estación de la CIA del mundo, con la finalidad de "transferir la soberanía a los iraquíes".

Negroponte reemplazó en sus funciones a Paul Bremer, un ex empleado del Pentágono calificado por Lakhdar Brahimi como "el dictador de Irak".
Estados Unidos impuso en Irak un Consejo de Ministros por medio de asesores estadounidenses y "amigos escogidos a dedo", luego de que Bremer impulsara "instituciones que le otorgan a Estados Unidos un enorme poder de influencia en todas la decisiones del gobierno", así como "edictos que en los hechos eliminarán las facultades de varios ministerios".
De aquí que gracias a la "soberanía" otorgada por Bush y Blair, "el nuevo gobierno iraquí tendrá un poder limitado sobre sus fuerzas armadas, estará inhabilitado para proponer o cambiar leyes a menos que goce de la aprobación tácita de EEUU". Y, lo que es más importante, cederá el "control operacional" de todo el ejército iraquí a los comandantes estadounidenses.

Similar es el caso Paraguay, donde la totalidad los integrantes del gabinete del obispo Fernando Lugo provienen del sector de las ONGs financiadas por la embajada norteamericana. Se cuentan entre ellos a Gloria Rubín (referente en Paraguay del NED y la CIA), Camilo Soares (beneficiario de fondos de IAF y NED, favorecido del gobierno de George W. Bush) Rafael Filizzola (signatario de acuerdos con Alvaro Uribe a instancias de la ex operadora del plan Colombia Liliana Ayalde), Karina Rodríguez (de la Casa de la Juventud, que recibió 127 mil dólares de la Inter American Foundation), Liz Torres (referente de las logias de ONGs dependientes de la embajada norteamericana), Esperanza Martínez (del movimiento Tekojojá, financiado por USAID, hoy envuelto en escándalo por corrupción), Canciller Hamed Franco (del Pmas, un movimiento financiado por James Cason), el Vice-canciller Jorge Lara Castro (recibe dólares de la embajada a través de la ONG fantasma Alter Vida), Ministro de Defensa General Bareiro Spaini (hombre de la embajada norteamericana, educado en las escuelas de golpistas de Estados Unidos) o el ministro de Hacienda Dionisio Borda, antiguo responsable de las finanzas de los gobiernos corruptos y agente de la embajada norteamericana y del FMI.

No cabe duda que incrustando un obispo católico como Fernando Lugo en la presidencia del Paraguay, George W. Bush agregó un nefasto legado más a la herencia que deja en Irak y Afganistán, y aún quedan varios zapatazos pendientes. LAW